PILDORA DE LA DISCORDIA
Hace rato que no escribía... en parte por falta de ánimo, en parte por falta de tiempo...
En todo caso, quiero dejar consignado un tema que hoy, ahorita mismo, mismo, está causando polémica: La famosa decisión del TC con la "pastilla del día después".
Me ha sorprendido (como a un gran número de chilenos), la resolución del Tribunal Constitucional con respecto a la legalidad del Anticonceptivo de Emergencia. No puedo creer, ni como mujer, ni como profesional, ni como ciudadana, que un grupo de caballeros (casi todos hombres ¿se fijaron?) haga retroceder las políticas públicas de salud reproductiva en más de 40 años. ¿Cómo creen que Chile ha logrado obtener tasas tan bajas de muerte materno infantil? ¿Dónde quedan nuestros derechos constitucionales, como personas, como mujeres, de elegir sobre nuestro cuerpo, sobre los hijos que queremos (y podemos) tener?.
Me gustaría saber cuántos de estos señores son médicos, matrones, biólogos y/o científicos, como para determinar arbitrariamente sobre una necesidad primaria, dado que se supone que poseen los conocimientos para ello. Me gustaría saber cuántos de estos señores le entregan o entregaban el dinero a sus esposas y a sus hijas (a sus "amigas" también), para que mes a mes adquieran sus anticonceptivos en las farmacias. Me gustaría saber cuántos de estos señores llevarían a sus hijas o nietas (o "amigas") a un ginecólogo amigo de la familia, para que les recete el Anticonceptivo de Emergencia; o, en otro caso, para que les practique un aborto, en una clínica privada, camuflando la intervención con cualquier otro nombre.
Por último, me gustaría saber cuántos de estos señores dormirán con sus conciencias tranquilas, sin hacerse cargo económica ni moralmente, de llevar al país al medioevo de la salud sexual, donde la mujer es sólo un ente reproductivo, un ser sin derecho a decidir sobre su placer, su cuerpo, su futuro y su vida.
Me ha dado muchísima rabia, que un grupo de viejujos se crea con poder de decidir por todas y cada una de nosotras ¿Dónde está la libertad de elección?¿Somos o no una democracia?¿Qué se creen estos dinosaurios, que tienen quizás qué cochinadas escondidas debajo de la alfombra, para arrogarse la capacidad omnipotente de decidir qué es lo bueno y lo malo?
Estoy segura que si se llamara a un plebiscito para pronunciarnos sobre este tema y otros igual de importantes, donde la ciudadanía se expresaría realmente y no sería interpretada (malinterpretada, manejada) por los ambiciosos en cada uno de los poderes que dominan el país; no les quedaría más que acatar el fallo de la mayoría... ¿En qué estamos?
Por mi parte, a conciencia sigo recetando la pastilla cuando lo considero necesario. Creo firmemente que no es abortiva, creo firmemente que cada mujer tiene derecho a decidir qué hace de acuerdo a sus propias convicciones. No impongo mi escala de valores a los demás, y espero que el resto no intente imponerme la suya.
¡HE DICHO!!!
En todo caso, quiero dejar consignado un tema que hoy, ahorita mismo, mismo, está causando polémica: La famosa decisión del TC con la "pastilla del día después".
Me ha sorprendido (como a un gran número de chilenos), la resolución del Tribunal Constitucional con respecto a la legalidad del Anticonceptivo de Emergencia. No puedo creer, ni como mujer, ni como profesional, ni como ciudadana, que un grupo de caballeros (casi todos hombres ¿se fijaron?) haga retroceder las políticas públicas de salud reproductiva en más de 40 años. ¿Cómo creen que Chile ha logrado obtener tasas tan bajas de muerte materno infantil? ¿Dónde quedan nuestros derechos constitucionales, como personas, como mujeres, de elegir sobre nuestro cuerpo, sobre los hijos que queremos (y podemos) tener?.
Me gustaría saber cuántos de estos señores son médicos, matrones, biólogos y/o científicos, como para determinar arbitrariamente sobre una necesidad primaria, dado que se supone que poseen los conocimientos para ello. Me gustaría saber cuántos de estos señores le entregan o entregaban el dinero a sus esposas y a sus hijas (a sus "amigas" también), para que mes a mes adquieran sus anticonceptivos en las farmacias. Me gustaría saber cuántos de estos señores llevarían a sus hijas o nietas (o "amigas") a un ginecólogo amigo de la familia, para que les recete el Anticonceptivo de Emergencia; o, en otro caso, para que les practique un aborto, en una clínica privada, camuflando la intervención con cualquier otro nombre.
Por último, me gustaría saber cuántos de estos señores dormirán con sus conciencias tranquilas, sin hacerse cargo económica ni moralmente, de llevar al país al medioevo de la salud sexual, donde la mujer es sólo un ente reproductivo, un ser sin derecho a decidir sobre su placer, su cuerpo, su futuro y su vida.
Me ha dado muchísima rabia, que un grupo de viejujos se crea con poder de decidir por todas y cada una de nosotras ¿Dónde está la libertad de elección?¿Somos o no una democracia?¿Qué se creen estos dinosaurios, que tienen quizás qué cochinadas escondidas debajo de la alfombra, para arrogarse la capacidad omnipotente de decidir qué es lo bueno y lo malo?
Estoy segura que si se llamara a un plebiscito para pronunciarnos sobre este tema y otros igual de importantes, donde la ciudadanía se expresaría realmente y no sería interpretada (malinterpretada, manejada) por los ambiciosos en cada uno de los poderes que dominan el país; no les quedaría más que acatar el fallo de la mayoría... ¿En qué estamos?
Por mi parte, a conciencia sigo recetando la pastilla cuando lo considero necesario. Creo firmemente que no es abortiva, creo firmemente que cada mujer tiene derecho a decidir qué hace de acuerdo a sus propias convicciones. No impongo mi escala de valores a los demás, y espero que el resto no intente imponerme la suya.
¡HE DICHO!!!
