diario-de-claudia

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Nombre: Aidual
Ubicación: Colina El Pino, La Serena, Chile

martes, febrero 06, 2007

GRANDE GENERACIÓN 87!!!!


Y al fin... se produjo el tan esperado reencuentro de nuestra generación 87 de la escuela. Tan magno evento se realizó los días 3 y 4 de febrero, y tuvo carácter excepcional...
Tallas aparte, al fin me reencontré con compañeros y amigos, varios de los cuales hacía muchísimos años que no veía, y fue súper emocionante... quien no ha vivido una experiencia como esta, es difícil que comprenda el torbellino de emociones y sentimientos que se entremezclan al volver a ver a gente con la tuvimos tanto en común, conocerlos de nuevo como adultos (nos separamos siendo unos niños) y encontrar la misma buena onda y el mismo cariño, y muy en el fondo a los mismos....giles de siempre (con todo respeto).
El recorrido empezó con la citación (por blog) para el día 3 de febrero en Antofagasta. Llegué al terminal de Pullman como a las 9 y media, y al salir a esperar a la compañera que me iba a recoger me gritan ¡Claudia!... y era Paula, una chiquilla alta, regia y con la misma cara de los 13 años. Ahí empezaron las emociones, pues con Paula no nos veíamos hace demasiado y nos sentamos a conversar mientras esperábamos al resto... tanta vida, tantas cosas y tan poco tiempo para contarlo todo. Al ratito apareció Sandra, muy rubia y sonriente, con la misma sonrisa y dulzura de siempre. Claro que como mujer casada, tenía poquito permiso...
Al rato aparecen Diamy (a quien ya había visto en Serena) y Pedro, al que no veía desde la U, por lo menos unos 12 años... con su misma cara y su misma calma, aunque a lo largo del fin de semana aprendí a re-conocerlo de nuevo y descubrí cosas como su chacotero buen humor y sus habilidades culinarias (entre otras). Ambos nos llevaron a juntarnos con el resto del grupo: Roberto, el recordado ET, ahora un GRAN hombre, pero con su simpatía intacta; Giovanni (a quien también ya había visto en Serena) con su picardía eterna y nuestro chofer para la ocasión, Frank, el hermano "chico" de Gio, quien nos dio un maravilloso tur por Antofa, ya que nos demoramos N en salir...pero igual, muy agradecida de su buena disposición.

Llegando a Mejillones, nos instalamos en la cabaña aportada diligentemente por Gio... y los varones, como todos unos caballeros, prepararon el asado y el arroz. Debo reconocer que estuve como en el comercial "hoy es el día que me atienden", ya que los chiquillos (especialmente uno) fueron la mar de atentos con nosotras. Cuento corto: asado, piscina frustrada (bueno, para eso está la playa), masajes, y luego ¡cambio en el equipo!. A Sandra la fue a buscar su marido con sus niñas (estos hombres, que no pueden hacer nada solos); y llegó Minerva, guatoncita y encantadora, además de sorprendida, claro, por vernos tomando TE... no se me ocurre que esperaba ver.

En todo caso, lo que esperaba ver creo que fue superado con creces por el espectáculo aportado por los varones del clan... Fabrizio es una alpargata al lado de estos artistas del trasnoche: hubo gritos, bailes, saltos a la mesa, y.... el resto no creo que pueda comentarlo, capaz que me demanden. También realicé un delicioso descubrimiento: la caipiriña, arreglada y mejorada por nuestros barman ( en realidad, estos chiquillos le hacen a todo).

La noche se hizo cortita, entre búsquedas eternas de agua mineral (?), clases de salsa (insisto que las caderas de ET eran lejos, las mejores); bajadas subrepticias a la playa (imperdible), lobos petarderos, convulsiones de Lucho Jara, canciones, estrellas, luna y el redescubrimiento de alguien muy especial...

Después de madrugar (en parte por culpa del despertador de Giovanni y las moscas de Paula), esperamos la aparición de Eduardo, el fundador del movimiento, que nos dejó pagando el día anterior por pega (?). Nuevamente asado, playa y por último, el desalojo y la despedida... la vuelta a Antofagasta y el recuerdo de hermosos y divertidos momentos que pasamos en este maravilloso reencuentro, el que fue una instancia de desconectarme del mundo y la vida cotidiana, darme el espacio que como mujer y persona necesitaba. conectándome y reviviendo experiencias pasadas en nuestra niñez, y generando nuevas como adultos. Fue precioso y enriquecedor en todo aspecto: re-encontré grandes amigos, hermosas personas, y parece que, también e inesperadamente, la llave que abriría el candado que tenía puesto en mi corazón.

Lema: "Cuando éramos chicos, pucha que éramos .....": GRANDE, GENERACIÓN 87!!!( y se viene los 20 años...)