Lo mejor, lo bueno, lo no tan bueno, lo malo....etc
Después de esperar las doce con una gran sonrisa (como se puede apreciar en la entrada anterior), es clásico hacer la evaluación del año. Para empezar, debo decir que fue un año raro... más raro de lo habitual. Aun cuando ningún año es igual a otro, este se caracterizó por eventos grandes y marcadores.
Así que empieza el conteo, 3, 2, 1, ta ta ta taaaaaaaaannnnnnn!!!!
Del verano, no me acuerdo mucho. Lo que sí recuerdo es que encontré cortas las vacaciones (cuándo no) y fue bastante tranquilo. Diego se la llevó en la piscina casi todo el verano, así que acabó como cochayuyo y yo para variar casi no me acerqué al agua.
En marzo, pasé el peor cumpleaños de mi vida; ya que ese mismo día falleció mi abuela paterna. Aunque sabíamos que estaba viejita y enferma, y no éramos tan, tan cercanas, fue súper fuerte para todos y muy triste especialmente para mi viejo. El día del funeral además tuve que exponer un trabajo en una reunión con mi mejor cara... así son las ironías de la vida.
En abril, vibré con el matrimonio de mi hermanita (aunque esté vieja, siempre será mi hermanita chica). Fue un evento lindo y mágico, y lo viví a concho. Aunque casarme no esté entre mis planes, debo reconocer que disfruté y hasta fanteseé tanto como la novia; que, entre paréntesis, se veía preciosa. Mi hijo lo pasó en grande y bailó hasta las 3 AM. Inolvidable.
Encontré largo el invierno.... esta ciudad es preciosa, y en todo caso se caracteriza por amanecer nublado hasta en verano, pero este año el invierno se me hizo especialmente pesado. A veces pienso que era hasta un anticipo, ya que estábamos en octubre y el sol se negaba porfiadamente a salir...
Llegó agosto, y con él celebramos el cumpleaños de mi hijo, el que fue por lo que Diego comentó y además pude observar, el mejor cumpleaños de su vida. Fue una de las grandes satisfacciones del año, ver disfrutar así a mi niño, y que sus amigos quedaran sucios y felices.
La primavera nos llevó al lugar menos primaveral del mundo: nuestra despedida personal de Chuqui y la casa en la que vivió mi familia por 15 años. La celebración del 18 no fue precisamente alegre, y me devolví con un peso en el corazón. La pena también se hizo presente con el incendio de mi querida escuelita básica. En definitiva, un mes para olvidar.
Para el final de año, los últimos meses siempre pasan en un suspiro. Resumiendo: los viejos se cambiaron a la casa de Calama, que, a propósito, es preciosa y acogedora. Este fin de año fue contradictorio, y no podría clasificarlo de una sola manera: se mezclaron la gran alegría de reencontrarme virtualmente con viejos amigos, el viaje a pasar una navidad que no fue precisamente alegre, el temor de los rumores de despidos en la pega, un excelente término de año en el colegio para mi hijo, el desequilibrio presupuestario de diciembre por "razones externas", la recuperación de mi conciencia como persona completa (madre, mujer y profesional) y el propósito de desarrollar las áreas que han estado hibernando.
Por último, la esperanza de iniciar este año con alegría, capacidad de perdón (cómo cuesta) y con la mochila livianita para poder recorrerlo bien. El propósito de ser buena persona y tratar de educar en positivo a mi hijo. Y, como regalito de navidad atrasado, si Dios quiere estrenar ojitos nuevos a corto plazo...
Así que empieza el conteo, 3, 2, 1, ta ta ta taaaaaaaaannnnnnn!!!!
Del verano, no me acuerdo mucho. Lo que sí recuerdo es que encontré cortas las vacaciones (cuándo no) y fue bastante tranquilo. Diego se la llevó en la piscina casi todo el verano, así que acabó como cochayuyo y yo para variar casi no me acerqué al agua.
En marzo, pasé el peor cumpleaños de mi vida; ya que ese mismo día falleció mi abuela paterna. Aunque sabíamos que estaba viejita y enferma, y no éramos tan, tan cercanas, fue súper fuerte para todos y muy triste especialmente para mi viejo. El día del funeral además tuve que exponer un trabajo en una reunión con mi mejor cara... así son las ironías de la vida.
En abril, vibré con el matrimonio de mi hermanita (aunque esté vieja, siempre será mi hermanita chica). Fue un evento lindo y mágico, y lo viví a concho. Aunque casarme no esté entre mis planes, debo reconocer que disfruté y hasta fanteseé tanto como la novia; que, entre paréntesis, se veía preciosa. Mi hijo lo pasó en grande y bailó hasta las 3 AM. Inolvidable.
Encontré largo el invierno.... esta ciudad es preciosa, y en todo caso se caracteriza por amanecer nublado hasta en verano, pero este año el invierno se me hizo especialmente pesado. A veces pienso que era hasta un anticipo, ya que estábamos en octubre y el sol se negaba porfiadamente a salir...
Llegó agosto, y con él celebramos el cumpleaños de mi hijo, el que fue por lo que Diego comentó y además pude observar, el mejor cumpleaños de su vida. Fue una de las grandes satisfacciones del año, ver disfrutar así a mi niño, y que sus amigos quedaran sucios y felices.
La primavera nos llevó al lugar menos primaveral del mundo: nuestra despedida personal de Chuqui y la casa en la que vivió mi familia por 15 años. La celebración del 18 no fue precisamente alegre, y me devolví con un peso en el corazón. La pena también se hizo presente con el incendio de mi querida escuelita básica. En definitiva, un mes para olvidar.
Para el final de año, los últimos meses siempre pasan en un suspiro. Resumiendo: los viejos se cambiaron a la casa de Calama, que, a propósito, es preciosa y acogedora. Este fin de año fue contradictorio, y no podría clasificarlo de una sola manera: se mezclaron la gran alegría de reencontrarme virtualmente con viejos amigos, el viaje a pasar una navidad que no fue precisamente alegre, el temor de los rumores de despidos en la pega, un excelente término de año en el colegio para mi hijo, el desequilibrio presupuestario de diciembre por "razones externas", la recuperación de mi conciencia como persona completa (madre, mujer y profesional) y el propósito de desarrollar las áreas que han estado hibernando.
Por último, la esperanza de iniciar este año con alegría, capacidad de perdón (cómo cuesta) y con la mochila livianita para poder recorrerlo bien. El propósito de ser buena persona y tratar de educar en positivo a mi hijo. Y, como regalito de navidad atrasado, si Dios quiere estrenar ojitos nuevos a corto plazo...

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