La tele y yo...

Me encanta ver tele... y lo confieso sin culpa (por lo menos, sin demasiada culpa). Debo reconocer dignamente que si mi hijo heredó cierta fascinación por la pantalla (en general), es en gran parte responsabilidad mía: compartimos muchos gustos, como la comida china, la lectura, mirar las patentes de los autos, el cine y ... la tele.
Si bien no tengo mucho tiempo para sentarme a ver tele, trato de ser selectiva con lo que veo, tampoco se trata de freìr mis neuronas con chatarra mental. Aunque suene snob, me cargan los programas "de conversación", los de farándula y cahuines varios (tipo SQP, o Kike), y hoy en día ni siquiera veo noticias, porque me deprimen. En este último caso prefiero leer los diarios por internet, así selecciono conscientemente lo que leo y no me cargo con exceso de vibras negativas.
Debo agradecer que la insistencia de mi hijo con su abuelo haya provisto de TV cable (genial invención). No se trata de pasar viendo el History channel, ni mucho menos, pero uno agradece la variedad... y ahí entramos derechamente en materia. Así como la gente sigue las novelas (nunca vi la esclava no se cuánto) yo sigo la historia de las "Gilmore girls" jueves a jueves. A diferencia de otras series que han importado a la señal abierta, o que se consiguen en DVD (Nip Tuck, Lost), aquí esta serie no ha prendido mucho, quizás porque es una comedia livianita, sin grandes efectos especiales, ni sangre, ni persecuciones, ni complots. Resumiendo, se trata de la vida de una mamá soltera, y su hija, actualmente universitaria. Lorelai (la madre), tuvo a Rory (la hija) a los 16 años, y decidió vivir su vida y criarla independientemente de sus millonarios y conservadores padres. La serie me enganchó porque tanto la madre como la hija son geniales en su propio estilo. Lorelai es divertida, relajada y envidiablemente regia. Rory ha evolucionado más a lo largo de las 6 temporadas, yendo de niña tímida, correcta y brillante, a un período de rebeldía en que abandona la universidad y se dedica a los carretes con su novio millonario, alejándose de su madre, aunque después vuelve al redil (y a Yale).
Lo que más me gusta de la serie (aparte de Luke, el novio de Lorelai; y de Cristopher, el papá de Rory), es la relación que cultivan madre e hija, siendo grandes amigas. Creo que es una de las cosas que sería feliz de replicar con mi hijo es ese nivel de confianza, de respeto y de cariño incondicional. Hay capítulos mejores que otros, pero la fauna que rodea a las Gilmore es divertida, y generalmente los capítulos no guatean.
La otra serie que estoy siguiendo los mièrcoles en la noche es "Bones", con el regio Ángel de Buffy de coprotagonista de una antropòloga forense inteligentìsima, que resuelve casos analizando los huesos, ademàs hace karate, bucea y no ve tele (horror!!!!). Obviamente ella carece de toda vida social y familiar, y él es su opuesto en todo, así que se nota la tensión sexual entre ambos... me recuerda los X-files antes de que se fuera Mulder, o Luz de Luna, cuando Bruce Willis tenía pelo. La serie me gusta porque el desarrollo de los capítulos es entretenido, y uno no siempre le acierta al asesino (no es tan predecible); y el equipo de Bones es bastante divertido. Viendo este tipo de serie uno se pregunta qué tan atrasados están nuestras policías en la investigación criminalística, y hasta cierto punto entiende que el porcentaje de delitos resueltos en Chile parezca mínimo, ya que parece que no contamos con expertos como Bones, o policías como Booth para atrapar a los delincuentes. O quizás sí los tenemos, pero son los que dejan libres a los delincuentes los responsables de que uno salga a la calle y se sienta insegura... y que los asesinos y violadores entren y salgan a la calle por la famosa puera giratoria. Es un consuelo que al menos en la tele los malos acaban donde tienen que acabar (pudriéndose en la cárcel) y no pululando por las calles que recorremos día a día.

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